WASHINGTON
y MADRID (AP y AFP).- "Todo el mundo entiende que si la prueba [de mi
demostración] es correcta, no es necesario reconocimiento alguno", declaró
ayer a la revista The New Yorker el matemático ruso Gregori
Perelman, que por su resolución de uno de los
problemas abiertos más importantes de la matemática ganó y rechazó la Medalla Fields, considerada el Nobel de
matemática, además del millón de dólares que ofrece por su resolución el
Instituto Clay.
Perelman, que no concurrió a la ceremonia realizada
ayer en el XXV Congreso Internacional de Matemática, en Madrid, explicó que
temía que ganar el galardón lo obligara a hablar "de temas como la ética
en la comunidad matemática".
Este premio "no tiene interés para mí", declaró a la revista
estadounidense. Perelman es especialista en
topología, una rama de la matemática que estudia las formas y afirma que
existen pocas diferencias entre un círculo y una elipse o, por ejemplo, una
esfera y un conejo.
El matemático ruso resolvió un célebre enigma planteado en 1904: la conjetura
de Poincaré, que durante más de un siglo apasionó a los
especialistas. El problema sobre el espacio tridimensional sostiene que no se
puede transformar un anillo en una esfera sin romperlo, pero que cualquier
forma sin un agujero central se puede convertir en una esfera.
Perelman comentó a The New Yorker que sir John M. Ball, presidente de la
Unión Matemática Internacional (UMI), que otorga la Medalla Fields,
le propuso tres opciones: aceptar (el premio) y asistir (a la ceremonia en
Madrid); aceptarlo, no asistir y recibir la medalla más tarde, o no aceptarlo.
"Desde el principio le dije que había optado por la tercera
propuesta", subrayó el matemático, de 40 años, conocido como Grisha.
Serge Rukshin, su ex
maestro y supervisor científico, comentó que éste aparentemente no tiene
interés en las medallas ni en el dinero, sino sólo en el conocimiento. "Grigori es un científico muy dedicado en el sentido más
puro de la palabra. Cree que lo más importante es que el problema ya está
solucionado"
El presidente de la UMI, por su parte, afirmó ayer en una conferencia de prensa
que a Perelman se lo sigue considerando ganador de la
Medalla Fields. "Lamento que haya declinado
aceptarla", dijo Ball, que pasó dos días en San
Petersburgo intentando convencer al matemático de aceptar el premio.
Aunque las razones para el rechazo de Perelman son
inciertas, la prensa especulaba ayer con que el brillante científico estaba
dolido por no haber sido reelegido en diciembre último como miembro del
Instituto Matemático Steklov, de San Petersburgo.
La conjetura de Poincaré es tan difícil de resolver
que el Instituto Clay, de los Estados Unidos, la
consideró en 2000 uno de los siete "problemas del milenio" y prometió
un millón de dólares a quien lograra resolverlo.
Hasta ahora, Perelman es el único que logró resolver
uno de esos siete problemas, y su solución está a punto de ser comprobada tras
años de estudios a cargo de tres equipos matemáticos diferentes.
Pero Perelman no fue el único galardonado ayer por la
UMI. El rey Juan Carlos de España, que presidió la ceremonia, entregó medallas Fields a los matemáticos Terence
Tao (Australia), Andrei Okounkov
(Rusia) y Wendelin Werner
(Francia).
Werner, nacionalizado francés, nació en Alemania en
1968 y se especializó en el terreno de las probabilidades. Profesor en el
Departamento de Matemática de la Universidad París-Sur y en el Instituto
Universitario de Francia, la UMI reconoció a Werner
su contribución al desarrollo de la evolución estocástica de Loewner, la geometría del movimiento browniano de dos
dimensiones y la teoría conforme de campos.
Okounkov (de 37 años) fue premiado por sus
contribuciones en la interacción entre la teoría de las probabilidades, la
teoría de la representació
El premio para Tao, de 31, es por sus contribuciones a las ecuaciones en
derivadas parciales, combinatoria, análisis armónico y teoría de números,
afrontado todo con "una originalidad fuera de lo común y una gran espontaneidad"
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El rey Juan Carlos de España, en la entrega
de los premios
Foto: AFP