Buenos
Aires, Palermo, 28 de julio de 1999
Alfredo
Eidelsztein: Tomo la palabra porque de hecho estoy en el origen de la iniciativa
de invitar a las reuniones de los sábados, con la idea de conformar un grupo. Y
por otra parte porque fui el único que participó de todas las reuniones, con
lo cual tengo algo así como el privilegio de resumir un poco lo que se habló
en todas ellas. Me da la impresión que hoy podríamos comenzar por allí,
esto es, por establecer qué fue lo que se habló en aquellas reuniones
preparatorias y a partir de eso establecer las grandes coordenadas que nos
pueden servir para empezar a trabajar.
Doy
fundamento a ese tomar la palabra, en la medida en que propongo trabajar en una
modalidad de Asamblea General donde todos tengan derecho a hacerlo por igual,
derecho a opinar hayan participado o no de una o varias reuniones.
Por otra parte, como tampoco hay agenda definida para hoy, la reunión
queda totalmente abierta a las intervenciones de cada uno y a la recepción de
los temas que cada uno crea pertinente traer aquí.
Tengo
la impresión que no todos los participantes de las reuniones de los sábados
están presentes hoy; si de allí se desprende que la propuesta no fue
interesante para todos, a un tiempo se deduce que la asistencia de hoy se da en
función de nuestro propio interés, del que cada uno tendrá que hacerse cargo.
Pero
además, hay algo de la índole de un interés compartido que me parece que
convendría especificar, ver cuál es el punto que puede funcionar de
coincidencia entre nosotros. No nos
conocemos, no provenimos todos de un mismo lugar o de alguna misma historia ni
mucho menos, con lo cual las fisonomías son muy diversas, y si hay algún interés
compartido mi impresión es que convendría especificarlo, para ajustar un
poquito más la posición de cada uno y ver a partir de eso qué hacer y cómo.
Ese
interés compartido que a mi entender existe, voy a tratar de explicitarlo a
partir de lo que escuché en aquellas reuniones.
Me da la impresión que tiende a recibir cierto diagnóstico por parte
nuestra en su particularidad, apuntando a especificar en qué consiste aquello
que habilita nuestro trabajo conjunto. En
esta dirección, quería proponerles una cita algo extensa -pero no es de un
psicoanalista, así que va a andar bien.
Para
los que recuerden, se trata de esa extensa cita de Valéry, la más extensa
incluida por Lacan en la “Tesis (…)” y en “Situación del Psicoanálisis
en 1956”. La voy a consignar
tomando el texto original un poco antes y extendiéndome algunas líneas más
respecto de las elegidas por Lacan, porque me parece que nos puede contextuar
muy bien la perspectiva desde donde leer este interés particular que nosotros
tendríamos. Valéry –es un dato
que ustedes quizá conocen-, además de su producción literaria, fue alguien
con muchas preocupaciones
vinculadas a la ciencia y a la lingüística.
En
mi edición de Montesino el texto que nos importa se encuentra en la página
101; se trata de la “Carta a un amigo”, donde una persona, después de
residir en el extranjero, vuelve a París y le escribe a un amigo dando
testimonio de lo que significa ese regreso para él.
Entonces le dice al amigo: “Imagina usted acaso el desorden
incomparable que sustentan diez mil seres esencialmente singulares. Piense usted
en la temperatura que puede producir en este lugar” –se refiere a París-
“un número tan grande de amores propios que se comparan allí.
París encierra, combina, consuma y consume a la mayor parte de los
hombres brillantes e infortunados cuyo destino los ha llamado a seguir las
profesiones delirantes” -profesiones delirantes está en itálicas y allí
hace hincapié la cita de Lacan cita.
Agrega
Valéry: “Llamo así a todos esos oficios cuya materia prima es la opinión
que los otros tienen de uno. Las personas que los ejercen, abocadas a una eterna
candidatura” -me parece una semblanza tan buena de todos nosotros, casi la
calificaría de espectacular-, “están siempre necesariamente afligidas por
cierto delirio de grandezas que un cierto delirio de persecución atraviesa y
retuerce sin cesar. En este pueblo de únicos reina la ley de hacer lo que nadie
ha hecho antes y lo que nadie nunca hará.
Tal es, al menos, la ley de los mejores, es decir, de aquellos que tienen
la voluntad de querer claramente algo absurdo. Sólo viven para obtener y para
hacer duradera la ilusión de estar solos porque la superioridad no es más que
una soledad situada en los límites actuales de una especie. Cada uno de ellos
funda su existencia sobre la inexistencia de los otros a los que hay que
arrancar su consentimiento de no existir. Tome usted nota de qué hago yo, como
no sea deducir lo que está oculto a partir de lo que se ve.
Si dura, trate de encontrar a qué tiende un trabajo que no tiene en
absoluto que ser hecho por un individuo determinado y que depende de la
particularidad de los hombres. Piense en la verdadera significación de una
jerarquía fundada en la rareza. Algunas
veces me divierto con una imagen física de nuestros corazones que íntimamente
están hechos de una enorme injusticia y una pequeña justicia combinadas.
Imagino que hay dentro de cada uno de nosotros un átomo más importante entre
nuestros átomos constituidos de dos granos de energía que quisieran separarse.
Se trata de energías contradictorias pero indivisibles. La naturaleza las ha
unido para siempre aunque sean curiosamente enemigas. Una es el eterno
movimiento de un gran electrón positivo. Este movimiento engendra una sucesión
de sonidos graves en los que el oído interior distingue fácilmente una
profunda frase monótona, sólo hay yo, sólo hay yo, sólo hay yo, yo y yo. En
cuanto al pequeño electrón radicalmente negativo grita en el extremo de los
agudos y trastoca cruelmente el tema egoísta del otro: sí, pero hay un tal, sí
pero hay un tal, tal y tal. Y tal otro, pues el nombre cambia con frecuencia”.
Les
quería proponer este material como marco de nuestras reflexiones porque si bien
es cierto que podríamos llegar a especificar cierta particularidad en nuestros
intereses compartidos, me da la impresión que deberíamos igualmente
circunscribirlos, de manera que evitemos caer en un delirio de grandeza por la vía
de la magnífica idea exclusiva que habría sido la nuestra, porque de ser así
necesariamente tendríamos vínculos muy persecutorios con el resto.
Mi
impresión es que gran parte de nosotros estuvo hablando, en primer lugar, de un
interés por el psicoanálisis. Se dijo en esas reuniones que se habla mal del psicoanálisis,
y se planteó que el estatuto de ese hablar mal era el del retorno en forma
invertida desde el Otro de nuestro propio mensaje.
Entre
los aspectos que fueron evocados de ese hablar mal, registré el anuncio de la
muerte del psicoanálisis. Al respecto podemos decir al menos que los que estamos aquí
seguro no queremos que eso suceda, no queremos que el psicoanálisis muera; por
otra parte también se dijo que valía la pena preguntarse si efectivamente está
muriendo, porque la muerte tan anunciada, durante tantas décadas, no pareciera
encontrar su correlato en la realidad, con lo cual habría que revisar esta idea
de que el psicoanálisis está muriendo.
También
se afirma que el psicoanálisis no cura. Al
respecto, me da la impresión que para la gran mayoría de los presentes hay
cura posible, y que en todo caso habría que estudiar los fracasos y profundizar
el estudio de las condiciones de posibilidad de la cura psicoanalítica.
Otra
de las consideraciones apunta al hecho que lo terapéutico no sería lo
principal en nuestro campo; sin embargo, me parece que hay un amplio acuerdo
entre nosotros en cuanto a no despreciar el valor que el psicoanálisis puede
tener para acotar el sufrimiento humano, lo cual supone no pensar la clínica
exclusivamente a partir del análisis de los analistas.
Finalmente,
se dijo y entiendo que fue válido el planteo, que a menudo el psicoanálisis y
el psicoanalista lacanianos resultan ubicados en la peor posición.
Pues bien, en varias reuniones se reconoció que había cierta verdad en
esas consideraciones, en la medida en que muchos análisis que conocíamos,
dirigidos por lacanianos, se ubicaban entre los peores. Y en función de eso, si
bien no se podía afirmar que el psicoanálisis lacaniano es el peor, sí
corresponde sostener que tiene las condiciones y las posibilidades de ser el
mejor.
Además
del interés por el psicoanálisis, también se acentuó mucho algo que cuenta
especialmente para mí, como es que haya psicoanalista, otro aspecto que, según
creo, compartimos quienes estamos aquí. Lo
pude escuchar en tres dimensiones:
-
Primero en nosotros mismos, en el sentido de que este agrupamiento contribuya a
que cada vez más haya analista en cada uno de nosotros; así, la iniciativa de
agruparnos procura afianzar nuestra propia formación como psicoanalistas, en la
doble vertiente del saber y de la posición que cada uno debe asumir como tal.
En este plano, tengo la impresión que todos pensamos que la mejor forma
de advenir analistas para cada uno de nosotros, en la medida de lo posible, es
junto con otros analistas.
-
En segundo lugar, que haya analista a nuestro lado, significa para muchos salir
de cierto aislamiento; en ese sentido, alguien dijo con muy buen sentido del
humor que no es bueno que el analista esté solo.
En esta perspectiva, entiendo que la reflexión de Valéry es
especialmente importante, cuando nos señala la calidad de profesión delirante.
Lo es, por cierto, sostenida como está en la transferencia; bastaría
con agregarle el aislamiento para que llegue a convertirse en un factor de
delirio inigualable. Para que haya
analista, entonces, tiene que haber articulación en un diálogo fructífero con
otros psicoanalistas reconocidos como tales.
De modo que si este agrupamiento tiene alguna posibilidad, es en la
medida que toma como punto de partida reconocer que el otro puede llegar a ser
analista, tanto como cualquiera de los demás. Pero quizá sin perder de vista
que se deben estudiar las diferencias, o sea que si efectivamente uno se
enriquece en esa articulación con otro analista, no es por la vía de la
identidad que habrá de obtenerse ese resultado, sino fundamentalmente por el
estudio respetuoso de las diferencias. En eso me parece que tenemos cierta
chance, porque yo que conozco a la gran mayoría, me parece que hay suficiente
cantidad de diferencias como para poder apostar a un fuerte enriquecimiento tan
sólo con ponerlas a trabajar.
-
Y finalmente también, queremos que haya analista no sólo en nosotros y a
nuestro lado, sino en la sociedad en la cual estamos alojados; entonces creo que
debemos cuidar esa posición nuestra como analistas en la sociedad, debemos
advenir a ese lugar, pero además y tanto como sea posible para cada uno,
favorecer que otros analistas advengan a esa posición en la ciudad.
En ese sentido, me da la impresión que es en la articulación entre
analistas donde eso mejor se logra y no en el aislamiento, porque éste
determina en gran medida que no reconozcamos en los otros la función del
analista, de modo tal que nos posicionamos privando a la sociedad
del analista.
Es
un tema, según entiendo, a revisar. No
sé si ustedes habrán tenido la oportunidad de confrontarse a la cuestión
asiduamente, pero si fuera el caso habrán visto hasta qué punto, de no ser
rectificada la situación, los analistas quedamos capturados en el escepticismo
en cuanto a la existencia de analistas.
Allí
se sitúa la cuestión acerca de la dificultad de encontrar analista.
Y no sólo digo lo dificilísimo que nos resulta a los analistas
encontrar un analista para analizarnos –el obstáculo mayor no es ese-, sino
que hay un proceso que yo verifico con bastante frecuencia, por el cual una vez
operados avances importantes en el campo del psicoanálisis, éste termina vaciándose
de la función del Otro analista, en la medida en que uno deja de situar dónde
está el Otro analista, aunque uno esté rodeado de colegas, peleado con la
mitad, amigado con la otra mitad o no, pero como quiera que sea, cabe
preguntarse cómo puede ocurrir que no haya otro analista.
Tengo
la impresión que se trata de un proceso que se verifica no sólo en función de
la dificultad que hay entre los analistas para conseguir analista sino en lo que
hace a las diferentes prácticas. En
gran medida la mía está consagrada al psicoanálisis con niños; en ese marco,
me ha sucedido encontrar analizantes hijos de analistas, niños en quienes
advierto transferencias mucho más activas y francas al psicoanálisis y al
psicoanalista que en sus padres. Estos
suelen mostrarse desconfiados respecto del trabajo analítico en el curso de las
entrevistas y desconfían notablemente de cualquier posibilidad de psicoanálisis.
Así, por ejemplo, la mamá analista de una criatura de la que me ocupo
en estos momentos, afirmaba que la única razón para traerla era su
insistencia, firme y prolongada, en tal sentido, pero a ella, en verdad, le
parecía perfectamente inútil que se analice.
Se dijera que toma cuerpo allí una contradicción, por cuanto el análisis,
que ha evolucionado considerablemente, se confronta sin embargo a este tipo de
planteos que, por lo menos en mi práctica, escucho cada vez con más
frecuencia.
Si
los otros tipos de interés son muy genéricos y apuntan todos a que haya
psicoanálisis y que haya analistas, el tercero, según entiendo, resulta más
específico. Busqué cómo
formularlo y es la palabra consignada por una de las personas que participó en
una reunión de los sábados, Michel Sauval quien no pudo venir esta vez
–terminaba muy tarde y tenía que trasladarse desde La Plata-, pero espero que
logre hacerlo en otra ocasión. El
término aportado por él fue “estilo” y me da la impresión que muchos de
los que estamos aquí, quizás sin haberlo pensado, tenemos interés por un
cierto estilo en el psicoanálisis.
Obviamente
ese estilo, como corresponde a todo estilo, está siempre cabalgando entre la
gramática y la retórica. Esto es, entiendo que no deberíamos olvidar que el
desarrollo de un estilo comporta un aspecto normativo (la gramática) y cierta
cuestión atinente al goce. A esas
dos facetas cabe agregar la dimensión retórica, que es donde quizá más
chances podríamos tener; en efecto, es allí según calculo donde se puede
encontrar la dimensión creativa inherente al estilo que podríamos llegar a
generar.
¿Cómo
podríamos, a esta altura, tipificar este estilo que nos puede llegar a convocar
a todos nosotros? Por mi parte, al
menos, creo que hubo coincidencia en afirmar el interés por un estilo que, en
primer término, no fuese hermético, místico, esotérico, experiencial,
inefable –tales fueron algunas de las palabras que retuve.
Con lo cual se trata, a mi entender, de un estilo que contemple la
comunicabilidad no sólo entre nosotros, sino también con otros, esto es, un
estilo que implique lo comunicable; obviamente no todo, porque no todo es
posible de ser comunicado, y cada vez se verifica que hay un más allá que
afortunadamente siempre se mantiene, pero esto no tendría que implicar la
renuncia a la posibilidad de comunicación
Segundo,
mi impresión es que también había un interés en que el estilo no apelara a
las jerarquías. En ese sentido, tomé la palabra e intenté dar cuenta de por
qué lo hacía, pero me da la impresión que deberíamos poder ir tomándola
todos, según ese estilo basado en algo distinto de las jerarquías; creo que
una manera de situarlo sería la siguiente: asignarle valor a lo dicho por
encima de la autoridad que tiene quien lo dice. Esto no significa, obviamente,
no respetar al prójimo, ya que si lo dice él o ella queda claro que esto vale
también precisamente por eso, porque lo dice él o lo dice ella.
Aquí
podemos evocar lo señalado por Freud y Lacan o tantos otros, cuando indicaban
que de sostener lo que ellos habían afirmado, lo hiciésemos acentuando más el
valor del dicho como tal que la condición de dicho por ellos. Que sea más
importante, por ejemplo, la adecuación de eso que se dice con lo que se está
pensando o la coherencia que puede
llegar a tener con otras cosas que se afirman, que la circunstancia de haber
sido dicho por tal o cual.
La
importancia de un estilo no basado en las jerarquías, a mi entender pero creo
que para muchos de ustedes también es así, resulta crucial para nuestra
formación como analistas, pero en especial, en función de nuestra enorme
proclividad a la neurosis, porque si hay un grupo humano que se destaca en ese
rubro, no son nuestros pacientes sino nosotros; para verificarlo, basta observar
cualquier nucleamiento de analistas... No por nada Lacan consigna esa referencia
a las “profesiones delirantes”.
Fundamentalmente,
la formación del analista supone un trabajo respecto del sujeto supuesto saber
que es una modalidad muy propia de nuestra época de articular el sujeto al
saber. Me refiero a la función del
genio, figura moderna vinculada al saber, que es un tema muy interesante para
ser estudiado; Lacan lo señala pero no lo desarrolla y hoy, efectivamente,
quienes estudian este problema lo afirman por doquier.
Esto
es, cuando el saber se procesa como sucede en la sociedad capitalista, implica,
por un lado, que los sujetos valen por el mérito y no por el abolengo –así
se establece la diferencia con el sistema anterior, donde el valor estaba
determinado por la nobleza, la sangre, etc.
Se perfila entonces el problema del mérito, tema muy interesante porque
es a partir de ahí donde surge todo tipo de enseñanza universitaria y fenómenos
colaterales, como son, por ejemplo, el examen, fenómeno propio y específico de
un saber que tiende a la acumulación según la forma capitalista.
Ahora
bien, la figura que le corresponde a esa acumulación de saber y al mérito, es
el genio. Por ejemplo, hay un trabajo de Miller acerca de Lacan, donde lo
presenta como el genio del psicoanálisis. Y me da la impresión que desde esta
perspectiva, si no elaboramos nosotros esta función, la función de suponer a
alguien en una relación de privilegio respecto del saber, si no lo revisamos,
me parece que el destino nos va a dejar permanentemente sujetos a la neurosis,
especialmente nuestro tipo de neurosis, fuertemente marcada por la
transferencia. De permanecer en esa
situación, poco serviremos como analistas para curar neurosis de transferencia.
Otra
de las cuestiones sobre las cuales se insistió bastante fue un aspecto
naturalmente más complicado, como es el del estatuto científico del estilo.
Pues bien, no hay nada que sea científico per se y la epistemología
dice muchas cosas al respecto, sin que se llegue nunca a un acuerdo acerca de lo
que es científico y lo que no. Pero
lo más importante no es la ausencia de acuerdo al respecto, sino el hecho que
los científicos, cualquiera sea su orientación, nunca se detienen en las
consideraciones de tal o cual epistemología cuando se trata de hacer lo que se
proponen hacer. Resulta así muy
difícil delimitar estrictamente el registro de lo científico.
En todo caso, a mi entender comporta, aunque parezca mentira, una posición
ética por cuanto supone sostener ante cualquier afirmación, aun aquéllas
avanzadas, por ejemplo, por Freud o Lacan, la pregunta acerca de por qué se
dice lo que se dice.
Así,
el estilo científico sería poder preguntarle a un colega respecto de su práctica
si en tal o cual caso clínico pudo llegar a saber por qué había dicho lo que
dijo. Es frecuente que esto no
ocurra y lo admitamos con naturalidad; tengo la impresión que se trata allí de
alto tempranamente pesquisado por Freud y formulado en términos de comunicación
de inconsciente a inconsciente, quizá porque tampoco él conocía el fundamento
de lo que le decía a sus pacientes.
Si
bien ese “no sé por qué le dije lo que le dije” del que da cuenta a menudo
el analista responde a la estructura de la práctica analítica, el problema allí
planteado, a mi entender, responde al hecho que se le acuerda a la cuestión un
estatuto de punto final, en términos de una generalidad según la cual ninguno
de nosotros sabe lo que dice. Algo
por otra parte sólo enunciable entre analistas, porque no conviene andar
diciendo fuera del “gremio” que no sabemos lo que decimos ni por qué lo
decimos …
Ahora
bien, a pesar de la honestidad de ese testimonio, entiendo que el trabajo
consiste en preguntarse por qué uno ha dicho lo que ha dicho y avanzar según
una cierta lógica en la formulación de conjeturas y deducciones.
Ese es el tipo de elaboración que a mi entender se ubica en el registro
científico, acorde con el rigor que éste supone. Todo lo cual implica, claro
está, la presencia del horizonte ético, ya que está en juego no sólo el
acceso racional a un cierto saber, sino además la responsabilidad de
preguntarse.
Se
trata, en suma, de una perspectiva diferente de aquella otra en la que alguien
formula: “No sé por qué le dije lo que le dije …” y se queda tranquilo
en ese no saber. Entiendo que en
este último caso, se podría tratar de cualquier otra cosa que de un trabajo
con cierto rigor científico.
Esto
es, considero que habría que tratar de establecer la posibilidad de partir de
un presupuesto y alcanzar una respuesta racional.
En este sentido, ante ese por qué dijo lo que dijo o por qué dije lo
que dije, habría a mi entender dos grandes posiciones: estimar que la respuesta
a esa pregunta es inefable y remitirla, por ejemplo, al objeto a, o bien
plantear que hay una respuesta posible (una vez más, para tranquilizarnos), no
toda, no completa, ni siquiera una, ni siquiera una que sea estable por un
tiempo, pero sí que hay una respuesta posible.
Tengo la impresión que en este último sentido se orientaba la búsqueda,
el espíritu de lo que se estuvo hablando antes de esta reunión y que implicaba
la puesta en funcionamiento de alguna lógica entre las muchas posibles.
Si se tratara de la lógica del inconsciente o la del fantasma estaría
muy bien; tampoco son a descartar la del objeto a ni la de las fórmulas de la
sexuación. Lo importante es poner
a trabajar una u otra, especialmente en el punto en el que adviene un dicho
respecto del cual el sujeto se sitúa en un “no sé por qué dije lo que
dije”.
Me
parece importante destacar el valor del posicionamiento científico del
analista, porque al menos desde la enseñanza de Lacan, el tipo de sujeto con el
que tenemos que operar es el sujeto de la ciencia; esto implica que para
intervenir adecuadamente no sólo corresponde poner a trabajar ese “por qué
dices lo que dices” dirigido al analizante, sino además situar la intervención
del analista de manera que pueda ser elaborada según esta misma perspectiva.
Avanzamos
un poco en el planteo acerca de cómo hacer este trabajo en forma conjunta. Quizás
esta reunión logre aportar precisiones al respecto, apuntando a elaborar un
plan de acción concreto a partir
de algunas propuestas formuladas. Ya
abordamos algo de lo que supone acentuar el trabajo conjunto en torno a estos
intereses, a un tiempo que acordamos dejar para más adelante, explícitamente,
el registro de la decisión y aun de la decisión.
De modo que nos abocaríamos en lo inmediato a los problemas de la índole
de los que yo resumí hasta ahora, dejando de lado por el momento -o por los próximos
años, no hemos definido un plazo al respecto-, la política interna.
Así,
la propuesta sería:
1.
Consagrarse a pensar un trabajo que no se atenga por el momento a
estatutos, autoridades, grados, jerarquías ni garantías, de modo que cada uno
participe a nivel de su propio interés, esto es, tan alentado como sea posible
por su deseo, en un intento de vincularse al interés de los otros, todo esto no
mediatizado, al menos durante un buen tiempo, por ningún tipo de regla fija en
cuanto a la política interna.
Conozco
un montón de experiencias, francamente un montón, de grupos de trabajo de
analistas, que pese a su gran potencialidad dejaron de existir en el momento de
plantearse los estatutos, sin que llegase a resultar clara la necesidad de
hacerlo; en efecto, a veces se trata de un prejuicio que como tal conviene
interrogar. Otro caso es el de los
grupos, también numerosos, que no llegaron a existir como tales porque se
reunieron y antes de comenzar la reflexión acerca de la formación del
analista, por ejemplo, se consagraron al tema de los estatutos.
Por mi parte, conozco varias experiencias de grupos que trabajaron textos
institucionales de Lacan durante uno o dos años, para disolverse de inmediato,
antes de llegar a existir, paradoja que me parece más exclusiva de nuestro
propio mundillo y que según me consta no pudieron evitar ni siquiera algunos
analistas de primerísimo nivel, de una formación muy sólida.
2.
No nos ocuparemos tampoco por el momento de la política externa.
Esto es, explícitamente, ver si podemos evitar la discusión con la IPA,
la AMP, Convergencia, el Lacanoamericano, los Estados Generales del Psicoanálisis
… La idea sería no abocarnos hoy a esa cuestión porque todos esos
agrupamientos son válidos, se trata en todos los casos de psicoanalistas muy
bien posicionados, colegas respetables que tal vez ya han pensado todo esto
mucho más que nosotros y quizá conocen mejor estos problemas.
Desde esta perspectiva, la posición sería la de reconocerlos a todos,
posición que según entiendo es la del propio Lacan, aun cuando hayamos
retenido en especial las críticas que hizo, sin acentuar lo suficiente el hecho
que nunca dejó de reconocer como analistas a quienes criticaba, a veces
ferozmente. Sí lo hizo Freud, en
cambio, por ejemplo con Jung y Adler
Entonces
la perspectiva es la de considerar que todos tienen algo para enseñarnos y quizá
sería responsabilidad de cada uno de nosotros aportarle al grupo cuanto resulte
aprovechable de esas enseñanzas. Por ejemplo, hoy no está una de las personas
muy interesada en sumarse a esta propuesta, Mónica Jacob; no está aquí porque
participa del Lacanoamericano; tanto mejor así, porque como nosotros no
estamos, es ella quien la próxima vez nos contará qué pasó y nosotros, sin
pagar la inscripción y otras cosas, podremos enterarnos de cómo viene la mano,
qué cosas se discutieron, cuál fue el problema que ella estima se planteó en
ese encuentro entre tantos psicoanalistas de varios países, como siempre con
una gran mayoría de argentinos, como ustedes saben; sobre un total de
doscientos cincuenta trabajos de todo el mundo, doscientos diez son argentinos y
entre los cuarenta restantes, ocho corresponden también a argentinos que viven
en el extranjero. Son todas cosas
que ustedes saben y para mí es un orgullo que sea así, porque me interesa que
haya psicoanálisis y que haya psicoanalista; también lo sería que Argentina
lograse, de verdad, jugar al fútbol mejor que los ingleses, porque en
definitiva el fútbol es un aporte de los ingleses, y no me parece que sea una
vergüenza que haya mucho fútbol y del bueno en la Argentina.
Esto es, no me avergüenza que haya tanto psicoanálisis en Argentina
porque no sigo la política del mercado que establece comparaciones en el
sentido de que si aquí hay tanto cuando en otros lugares no hay... algo anda
mal acá. Diría por mi parte que
algo anda mal allá, y ojalá los tipos se terminen de avivar que sería una
buena respuesta para un montón de problemas que hubiese más psicoanalistas en
esas ciudades.
En
este sentido también quería transmitir lo que se habló en alguna de las
reuniones, en el sentido de hasta qué punto importa respetar las transferencias
de cada uno, esto es, que ninguno de nosotros sea mal visto por ningún otro -y
menos que menos por el espíritu de grupo- en función de sus transferencias.
Todas merecen ser respetadas; si alguien está en transferencia con A y A
odia a B y otro está en transferencia con B, ambas transferencias se valen,
porque reconocemos a todos como psicoanalistas.
Saben
ustedes que en ese registro se inscribe un factor de persecución muy fuerte en
los grupos, sobre todo cuando se trata de la “profesión delirante” y de la
propia excelencia de aquello a partir de lo cual se constituye el grupo.
Por esa vía se introduce enseguida la exclusión: los otros no, y
entonces, si los otros no, ¿cómo asistir al congreso que organizan esos otros,
cómo supervisar con este o aquel otro? Y
cuando llega el momento de elegir analista, ¿qué otra alternativa que la de
elegir uno que pertenezca al mismo grupo?
Mi
impresión es que nos convendría empezar con una lógica, no sé si la podremos
sostener, pero en todo caso entiendo que no vale la pena sostener la de la
exclusión. Respetando las
transferencias de cada uno podremos fundarnos en el reconocimiento de que cada
cual hace honor a la transferencia que ha podido establecer. Sería una lógica
tan abierta como lo permitan nuestras cabezas; igual vamos a pensar que es un
p... -tanta gente tenemos al lado que respetamos y pensamos que es un p...-,
esto es, aun cuando lo miremos con malos ojos, en lo que tenemos de encuentro
compartido la propuesta es la de fundarnos en el respeto.
3.
No atenernos a dispositivos fijos y ponernos a trabajar en dispositivos
elegidos y pactados, pero sostenerlos en la medida en que favorezcan el trabajo,
abandonándolos cuando no lo hagan. Es
decir, si viésemos que nos hace falta constituir grupos según el estilo de 4 +
1, a la manera del cártel propuesto por Lacan, si se trata de una estructura
que conviene a la tarea, lo hacemos; cuando ya no resulte, la dejamos de lado y
pensamos cuál sería la que puede reemplazarla, pero sin acordarle nunca un
estatuto per se, sino considerándola siempre como un medio para la realización
exitosa de una tarea.
Tengo la impresión –y según lo que
discutimos, ustedes la comparten- que hay muchos grupos fundados a partir de una
elección de dispositivos que no responde al hecho de que les hayan resultado óptimos
para la tarea, sino que los eligen porque Lacan los propone o porque quieren
estar vinculados a un determinado grupo de gente que trabaja con los mismos.
Me da la impresión que en esos casos, los dispositivos pierden la
naturaleza que les corresponde, como es la de resultar aptos para favorecer el
trabajo.
Por otra parte, entiendo que esta opción
por un dispositivo determinado está siempre muy vinculada con aquélla que hace
al Sujeto Supuesto Saber, esto es, si Lacan indicó “en cárteles”, así
tendrá que ser. Me parece una
manera de abordar esa opción que releva de una ingenuidad supina, porque Lacan
lo dijo en ese momento, para esa coyuntura, en ese lugar, pero además –y por
eso lo digo-, esa propuesta está ligada a los comienzos tardíos de Lacan, tal
como él mismo los sitúa. Podemos
pensar, imaginarizar, que de
haber empezado antes
–digamos, unos diez años antes- y de haber llegado a comprobar que el cártel
ya no servía, él se hubiera encargado de modificar lo que había sido uno de
sus hallazgos, estoy convencido. Hubiera
pasado a la fórmula del 8 – 2 y
ya no la del 4+1.
Obviamente
tenemos mucho respeto por el cuatro en la medida en que reenvía a la estructura
con la cual tenemos que vérnosla, a título de función que seguramente en
nuestros encuentros vamos a estudiar. Pero
este registro es diferente del que corresponde a definir un dispositivo aquí y
ahora para nosotros, ya se trate del cártel o del pase o de algún tipo de
garantía; quizás uno u otro se nos hace necesario en algún vericueto del
recorrido y habrá llegado entonces el momento de pensarlo.
Finalmente,
quizás para concluir con este resumen que espero no haya sido muy extenso,
teniendo en cuenta que abarca tres o cuatro meses de reuniones, unas diez en
total, la idea también era operar una apertura significativa hacia otros
discursos.
Pensamos
esa apertura en dos direcciones. Por
un lado, dentro del psicoanálisis, en el sentido de escuchar con mucho interés
gente aislada o integrada en otros agrupamientos: sociedades, instituciones,
escuelas, que no pertenezcan a este grupo –que hablando con propiedad, ni
siquiera existe todavía-, porque esa no pertenencia no implica una pérdida o
disminución del valor de lo que tengan para decir.
Y por otra parte, también apertura hacia otros discursos, entendidos
como diferentes estructuraciones discursivas.
Abrirnos, en suma, a distintos tipos de elucubración de saber y
entonces, por qué no, trabajar con lingüistas, matemáticos, lógicos, filósofos,
etc. …
O
sea, habitualmente, si uno revisa los máximos aportes que Lacan hizo al psicoanálisis,
fuera por ejemplo del objeto a, los demás corresponden a la incorporación de
elucubraciones procedentes de otros campos del saber.
Así, lo que más aportó Lacan -que fue tanto-, fue casi siempre
originado en el estudio muy minucioso, muy serio y cuidadoso consagrado por su
parte a otros discursos. A pesar de que era conocido en París por ser una de las
personas que
más y mejor conocía a Freud, era una autoridad en Freud antes del CD -¿se
acuerdan cuando no había CD?-, en una época en la que se imponía recurrir a
quines sabían, porque tenían muy buenas fichas o muy buena memoria, a las
autoridades de un campo de saber, y Lacan lo era ese sentido.
Lacan leía a Freud en alemán, propuso traducciones, y a pesar de eso
sus máximos aportes provienen de sus estudios vinculados con otros campos de
saber.
Este
es el resumen. Sólo un último comentario, porque puede ser que alguno de
ustedes, quizá muchos, sepan que existe otro grupo, no en esta ciudad sino en
La Plata, que está funcionando ya hace varios años con los mismos principios,
aunque parezca mentira; estos
principios que acabo de leer no fueron propuestos por mí, sino que resultan de
las discusiones cuyo escenario fueron las reuniones de los sábados.
Si efectivamente nos hemos encontrado es porque más o menos compartíamos
algo, aun cuando no estuviese explícitamente enunciado, esa es la razón por la
cual hoy estamos nosotros aquí y no otros;
pero existe otro grupo funcionando, en términos muy generales, con los
mismos principios. Trabajo con ese
grupo en una relación de cercanía muy grande y quería proponer al respecto cómo
me parece a mí que debería funcionar para nosotros.
Entiendo que tendría que hacerlo en estos términos: si nos sirve para
algo, si contribuye en alguna medida, si puede hacer algún tipo de aporte
respecto de la existencia de ese grupo, creo que podríamos tomarlo en cuenta.
Esto es, si en alguna oportunidad nos dan ganas de equis cosa con ellos,
me da la impresión que podríamos aprovecharlas porque eso existe, evitando a
un tiempo, como quiera que sea, que tome el estatuto de una deuda de nacimiento,
esto es, que para nosotros, como ellos existen desde antes, se instale en ese
registro alguna forma de filiación, y con ella una deuda, como se produce muy
automáticamente. Por ejemplo, mi
esposa me preguntaba: ¿cuándo van a hacer la reunión de Apertura de Buenos
Aires? -ese es el nombre completo, el grupo se llama: Apertura, Sociedad
Psicoanalítica de La Plata-; mi secretaria, por su parte, planteó otra,
designando al grupo como Grupo Soler, algo que me dio horror.
Lo escribió directamente en la hoja donde están los nombres y los teléfonos
de ustedes y enseguida se darán cuenta del problema que implica, por ejemplo
… ¡en función de Colette Soler!
Entonces
les propongo que respecto de nosotros ni siquiera nos convendría tener un
nombre, porque quizás sería muy prematuro hoy, y en ese sentido entonces si
creemos que nos sirve para algo una posibilidad de intercambio de algún estilo
o de alguna forma con ese grupo que existe, que viene trabajando hace varios años,
que tiene una historia, pero tan distinta de la nuestra, porque son personas que
viven en otra ciudad y no se imaginan la diferencia que hay con psicoanalistas
de otras ciudades, si no trabajan con psicoanalistas de otras ciudades es muy
difícil darse cuenta de la diversidad que se da incluso entre ciudades
separadas sólo por unos pocos kilómetros, a pesar de lo cual la diversidad se
impone, se trata de otra ciudad.
Les
quería proponer que respecto de Apertura Sociedad Psicoanalítica de La Plata,
hagamos caso omiso de su existencia, salvo que se nos ocurra algo para hacer con
ellos que sea de nuestro propio interés con ellos, de lo contrario no tener en
cuenta su existencia, en el sentido de no tener deudas y considerarlos al igual
que cualquier otra sociedad de psicoanalistas...
(Interrupción
por llegada de otros miembros)
A
ustedes que acaban de llegar, les cuento que empezamos más o menos a eso de las
9 h.; yo presenté un resumen de lo que fue discutido y trabajado en las
reuniones de los sábados de las cuales ustedes participaron.
A
partir de aquí, si les parece bien, queda abierta la reunión de manera tal
que, como les proponía antes, cada uno cada uno, desde su posición, tiene el
mismo derecho que cualquier otro para intervenir.
Como
ya les anuncié, había incluso una propuesta de trabajo avanzada por uno de
ustedes, propuesta muy amplia, surgida de una reunión que hicimos aquí con
algunos de ustedes, hace catorce días, para verificar si el espacio nos
resultaba apropiado y es en función de eso que lo reservamos para hoy.
En definitiva, estimo que no es un lugar apropiado para nosotros porque
resulta un poco exiguo; si retenemos la propuesta de traer algunos invitados, acá
no entramos todos –piensen que hoy algunas personas están ausentes por
problemas de horarios. Quienes
disponemos de un poquito de tiempo, tendríamos que buscar otro más amplio, si
bien no se trata de un problema mayor.
Podríamos
ahora, si les parece bien, trabajar a partir de esta breve reseña que hice de
lo que se estuvo discutiendo, para ver hasta qué punto resulta validada y
aceptada por ustedes, por nosotros, por la mayoría y la minoría, así como
estimar alguna otra idea que alguien proponga.
En
efecto, se trata de un buen momento para hacerlo y además, en el caso de que
hubiese un principio de acuerdo, luego de discutir un rato sobre estas cosas,
para no irnos en prolegómenos quizá también podamos abocarnos unos minutos a
pensar qué hacer en las próximas reuniones, o sea, directamente, empezar a
elegir algún tipo de tarea que nos resulte oportuna para este momento de
nuestro encuentro, cuando todavía no nos conocemos ni hay una tradición
compartida ni mucho menos.
(Silencio)
Confieso
que uno de los motivos por los cuales preparé esto que dije fue porque pensé
que nos íbamos a quedar todos callados, pero no sirvió porque nos podemos
quedar callados después... es bárbaro.
(Silencio)
-
Pregunta: ¿ya han pautado reuniones quincenales?
-
E.: No, en su momento, desde la primera reunión se empezó a plantear el tema
de un horario general compartido; de allí surgió esta propuesta como
preliminar, pero otra idea con la que se trabajó fue la de los sábados a la mañana,
o bien algún otro día al comenzar la tarde, de 13 h. a 15 h., algo así.
Pero en fin, para comenzar este fue el horario que menos inconvenientes
tenía. También podemos
preguntarnos: ¿en qué noche?; ¿ por qué la del miércoles?
Pues bien, porque era la única disponible en este lugar.
Habíamos pensado que el viernes no convenía, para no alterar la ilusión
de salir los viernes, por si alguno la conservaba, en tanto los lunes era medio
hincha pelotas. Así, martes, miércoles
o jueves resultaban aceptables, pero este lugar disponía sólo de los miércoles.
De
todos modos, como ya lo señalé, entiendo que no es el que nos conviene, aunque
sea muy lindo y se ubique en una zona cómoda.
Otra
de las cuestiones de las que se habló fue la frecuencia.
La quincenal parece ser la más apropiada, para que no implique al
comienzo mucha demanda de horarios, para que no se convierta en algo muy
exigido, porque como ustedes saben, la relación entre exigencia y deseo siempre
es peliaguda. De modo que para ir
constituyéndonos, si bien parecía necesario tener cierta continuidad, la
manera de asegurarla no debía comportar una frecuencia tal que al fin de
cuentas implicara para unos u otros la imposibilidad de sostenerla.
Fue
así que resultó fijada en quincenal, miércoles a la noche; pero ninguna de
esas variantes -aquí, los miércoles, cada quince días, por la noche-, es nada
que sea impuesto por nadie; obviamente, entonces, siempre se tratará de un día
que no resultará operativo para alguien, es inexorable que sea así, más aún
al comienzo, porque quizás para el año que viene todos podamos arreglar con más
facilidad una agenda donde quede reservado el tiempo que decidamos acordarnos
para esto.
Otra
de las cuestiones abordadas fue la de no asignarle a nuestro trabajo una
cualidad militante, imperativa, bajo el modo del “hay que ir”.
Nada de eso. Entiendo que nadie quiere algo de esa índole, pero
estimamos que reuniéndonos una vez por mes no llegaría a armarse continuidad
alguna, en tanto algo compartido una vez por semana resultaría en exceso
pesado, al menos a esta alguna del año y sin tenerlo previsto en las agendas.
-
Comentario: siendo nosotros...
-
E: Claro, porque para otros quizás estaba bárbaro.
-
Pregunta: pero por ahí al principio podemos establecer para que podamos tener mínimas
pautas de trabajo...
-
E.: Claro, la idea era dejarlo fijo, elegir una modalidad de día, hora y
frecuencia y dejarla al menos hasta fin de este año. Se avanzó un poquito más,
en realidad, a partir de una propuesta de Leonardo a la cual le agregaron algo
José y Liliana también. Surgió
la idea de que si fuese quincenal hasta noviembre, que es lo verdaderamente
operativo del año, a partir de hoy, sin contar hoy, hay ocho reuniones.
En ese caso, por qué no hacer para este conjunto de reuniones una agenda
abierta, en la cual cada uno, según su propio interés, se inscriba para
exponer algo, quedando librado a criterio de cada uno el tema; puede tratarse de
una articulación teórica, la presentación de una elaboración
personal, un caso clínico, una revisión referida a la articulación de
nociones, siempre tratando de ajustarse, tanto como sea posible, a los grandes
criterios compartidos -obviamente si fuesen compartidos, porque todavía no nos
queda claro si lo son.
Por
ejemplo, alguien podría querer hacer una presentación con respecto a
Convergencia, el Lacanoamericano y los Estados Generales...
Pero quizás no sería lo más oportuno, porque habíamos quedado la vez
pasada en que nuestra preocupación, podríamos decir, sería la clínica, la
formación del analista, cuestiones de la práctica analítica; se trata, por
cierto, de un paraguas gigante, bajo el cual entra casi todo, salvo las
cuestiones que dejemos de lado expresamente.
La
idea era, entonces, que se anotasen oradores, expositores sobre alguno de esos
temas para cada una de esas ocho veces, respetando, claro está, las agendas de
cada uno y las condiciones singulares que se pueden dar en función de ellas.
También se había evaluado la alternativa, por ejemplo, de dejar abierta
toda una velada para que alguien la tome o bien para que los expositores sean más
de uno, en la medida en que alguien prefiera presentar algo muy acotado, que no
tomaría más de media hora o cuarenta minutos.
También
se propuso que hubiese un coordinador de esa velada, en la medida en que resulta
muy incómodo para quien expone hacerse cargo de registrar las preguntas,
organizarlas, dar por abierta la reunión, darla por cerrada.
Cuando uno expone resulta poco gratificante tener que decir: “Bueno,
dejamos acá …”. Es mejor que
otro lo diga.
Entonces,
una modalidad de trabajo así se extendería hasta diciembre, y quizás en
diciembre, con quienes tuviesen todavía ganas de seguir trabajando pese al
calor, dedicaríamos algunas reuniones a evaluar lo que sucedió en esas ocho;
ver qué se puede tomar como cierto diagnóstico de esas ocho veladas
compartidas tomando en cuenta el nivel de participación, el tipo de trabajos,
etc., y a partir de ahí, quizás, desarrollar con la participación de todos
cuantos quieran sumarse, un proyecto para el año que viene.
Aunque
parezca mentira es el 2000, algo que cobra mucha más importancia cuando uno
dice: “Vamos a proyectar el 2000” que “el año que viene”.
En lo que nos concierne, digamos el año que viene. Será cuestión así
de la elaboración de un proyecto a discutir eventualmente en asamblea, porque
no habrá ningún grupo que se pueda atribuir el derecho a la toma de decisión,
sí prácticas. Si para elegir este local tuvimos que reunirnos cinco o seis,
¡se imaginan la dificultad de organizar una asamblea! … Hay cuestiones prácticas
que demandan hacer de tripas corazón y tal fue el caso de elegir reunirnos el
miércoles por la noche, aunque alguien resulte perjudicado así por una pequeña
cuestión práctica
Pero
no sé, Leonardo, ¿era hasta ahí lo que habíamos llegado a decir?
Fue
contemplada asimismo la apertura de estas veladas, la alternativa de invitar a
ellas gente interesada en tal o cual tema que se trate, o bien en la ocasión de
exponer nosotros mismos, hacer participar a un amigo o colega.
En ese momento supusimos que no podían ser muchos los invitados porque
no iban a entrar; como vamos a tener que cambiar de local, creo que podríamos
elegir uno que permita alojar alrededor de cincuenta personas, de manera que entraríamos cómodos siempre.
El interés de esta cuestión de los invitados lo sitúo en términos de
la presencia de alguna forma de otredad, que tiende a reabrir la cosa.
-
Comentario: una iniciativa que me parece buena es que si vos tenés todos los
teléfonos de quienes estamos acá, todos podamos tenerlos para no tener que
recurrir a vos...
-
E: Claro, yo traje una lista para que la pasen; no estoy seguro que estén todos
los números bien, ni todos los apellidos correctamente escritos; si quieren,
pueden agregar un número de teléfono más o un e-mail, algo muy práctico para
establecer una red y con sólo un “enter” avisarle a mucha gente.
Si les parece, vamos pasando esta lista.
Hay seguramente dos o tres personas que yo no conocía y no van a figurar
allí, pero agréguense, anótense todos los que quieran hacerlo, no es
necesario pedir permiso porque la lista responde precisamente a esa lógica: se
anota el que quiere.
Obviamente,
hay también un mínimo compromiso en el sentido de un aporte económico, fijado
al día de hoy en $ 2.- ó $ 3.- por reunión para pagar el café y alquilar el
local. Aun dentro de diez años de gobierno de Menem con todas las maravillas
que nos ha dejado, me parece que incluso contemplando esas maravillas ... En
todo caso, el que no pueda, lo consideraremos.
Él no lo hizo todo, claro, pero tampoco se le puede pedir tanto
a un solo hombre, un humilde riojano …
-
Comentario: O De la Rúa, él es el analista que alquiló el local...
-
E: Claro, es carnicero, enfermero..., no es analista, no se le ocurrió ésa, si
es analista saca un montón de votos en Buenos Aires...
Hay
temas más chicos pero que son problemas grandes y en algún sábado también
fueron planteados, como por ejemplo si puede participar de este grupo gente que
sea miembro oficial de alguna forma de agrupamiento psicoanalítico: sociedad,
escuela, institución.
Se
formuló como problema y no encontró respuesta, porque nadie puede arrogarse el
lugar para formularla. A mi se me ocurrió una en primer término, imaginando para
un futuro lejano, no inmediato, cierta necesidad en el plano de la toma de
decisiones, pero la participación en este agrupamiento, hoy, no comporta a mi
entender una dificultad insalvable, imaginariamente sí, pero no real.
-
Pregunta: antes planteaste todo sí...
-
En esa misma lógica cae esto también; es claro que imaginariamente se nos hace
un caso extremo de la serie, pero si el interés de la persona está y uno puede
ganar en esa participación, ganan
cada uno de quienes la integran y el agrupamiento como tal; supongamos alguien
que participa, como en mi caso, de Apertura y avanza: “Mire, nosotros probamos
esa idea ya y nos fue como el c...”; entonces uno puede decir: “¡Ah!
Contanos”, porque uno puede aprovechar de la experiencia del prójimo,
enriquecer la propia a partir de ella; se llegan así a considerar otras
variables y los problemas que se de allí se desprenderían.
En
esa reunión se concluyó que era una alternativa viable.
-
Pregunta: ¿La decisión de invitar a otra gente la tomaría el agrupamiento
como tal, según vos lo planteabas o bien la toma cada uno?
-
E: Creo yo que de aquí en más, en
la medida en que vayamos trabajando y encontrando puntos de acuerdo, será
responsabilidad de quien no acuerde plantear al conjunto de los participantes su disidencia
respecto de tal o cual idea. Hoy
alguien podría decir, por ejemplo, es una locura invitar a un miembro de otra
institución para que participe aquí. A
partir de allí, tendremos que discutirlo entre todos, con una agenda abierta y
suficiente paciencia, toda la necesaria tanto al principio de una iniciativa
como cuanto más pasan los años. Puede
ocurrir quizás que el grupo decida no discutirlo, de modo tal que quien no esté
de acuerdo tendrá que tener la paciencia de mantenerse en desacuerdo por un
tiempo.
A
partir de aquí corresponderá plantear ideas que sustenten un quehacer y
levantar la mano para formular salvedades.
Así, por ejemplo, quien no esté de acuerdo con la participación de
gente que pertenece a otras sociedades, institutos, escuelas, tendrá que
decirlo y la decisión sería conjunta. Obviamente ahí vamos a tener que
aplicar criterios de racionalidad aun en forma de discusión, porque de nada
serviría desembocar en un debate encarnizado y una votación de cincuenta y uno
pro y cuarenta y nueve contra o cosas de ese registro.
Quizá lo más oportuno sea no tomar esa decisión, porque tal vez no
estamos todavía para discutir eso, de modo que tendremos que soportar un poco
de tiempo más antes de decidirlo y quizá para alguien eso no sea viable. Pero
me da la impresión que mi propuesta actual es un resumen de lo que se habló,
no de lo que se decidió, porque no eran reuniones resolutivas; las decisiones
se tomarán de ahora en más, y es a partir de opiniones, ideas...
-
Comentario: una cosa es discutirlo y otra es si sí o no...
-
E: Claro, hasta deberíamos decidir si sí o no, porque es un tema votar... no,
mejor votemos que no votamos.
Lo
iba a decir al comienzo y me olvidé: como
no nos conocemos, preséntense los que van interviniendo, porque yo los conozco
mucho y muchos me conocen a mí, pero otros ya no tanto.
Así, quien intervino antes es Norma Porter y ahora, Ana Tavilla...
-
Ana Tavilla: A mí me parece excelente esta idea que propuso Leonardo, pero los
invitados ... Lo entiendo, no termino de situar para qué nos serviría. Por ahí
si cada uno de nosotros expone sobre una cuestión que le interesa en
particular, sería fantástico. Pero
tengo la impresión …, (resto inaudible).
-
E.: Seguramente también deberíamos ir generando un consenso en torno a la
circulación de la gente, porque hay ciertos problemas de cantidad que se
convierten en problemas de calidad. Si circula mucha gente, ustedes saben, se
plantea un problema que en términos post-modernos se define como el no-lugar,
esto es, aquellos lugares donde hay mucha gente, pero toda en tránsito y por
eso devienen altamente anónimos. Así, la permutación debe darse hasta un cierto número y
evitar el circuito de caras que
rotan todo el tiempo, de gente que aparece y desaparece...
-
Ana Tavilla: Yo propongo otra cosa para esta agenda abierta.
Si hay gente que está interesada en exponer, a mí me gustaría que la
frecuencia no fuera quincenal, sino ir capitalizando lo que pasa, lo que se
dijo, justamente para ver si podemos como intimar más, no sé si se entiende. Sí,
yo me dedicaría a intimar...
-
A.: nos podríamos quedar con este lugar entonces, que es chiquito, porque me
parece que en breve vamos a estar intimando todos porque es muy chico...
-
Comentario: Quizá se podría hacer algo intermedio: tres reuniones donde se
presente y una cuarta donde decimos qué nos pareció, cómo va la cosa y volver
a hacer otro tanto. Yo lo haría por una cuestión de trabajo, porque de otro
modo, vamos a analizar qué nos pasa, se va a producir ese tipo de reuniones
donde la gente dice: “Hablemos de qué nos pasa...”, con ciertos ejes ya
establecidos.
-
Comentario: la cuestión de los invitados se había resuelto bajo la condición
de poner al corriente de su presencia a quien cumpliese la función de
coordinador, por una parte, y por otra de establecer un límite diez, en
principio por una cuestión de lugar, a la que ahora se agregó la de los no
lugares; es decir, se trata de establecer un límite para que no se produzca el
efecto de masa o de anonimato.
Por
lo menos de la discusión que tuvimos había surgido que los psicoanalistas
somos muy propensos a dedicar cantidad de reuniones a hablar sobre lo que pasa y
se nos ocurría que establecer una primera agenda de trabajo quizá no se diera
hasta noviembre, porque pudiera ser que nadie quiera presentar o bien porque tal
vez quedaban fechas libres, etc., pero por lo menos acordábamos en la
importancia de darnos un tiempo de discusión, según ciertas pautas, por
ejemplo las que vos planteás -que la exposición no supere la hora y que el
resto del tiempo se discuta-, pero disponer después de ocho reuniones de un
espacio donde se pueda evaluar si seguimos funcionando o no y de qué manera ...
-
E.: Por otra parte hay una economía de tiempo real porque no es tanto el que
disponemos. Dos encuentros mensuales, si uno no los dedica a desarrollar los
temas de interés, sino a evaluarlos … Este tipo de reuniones son muy
importantes, pero deben estar, a mí entender, en una ecuación apropiada en
relación con las otras, porque de otro modo empieza a suceder que se deja de
hacer para pensar qué hacer o cómo hacerlo.
-
Comentario (inaudible): Yo no sé si hasta diciembre, para ir debatiendo
cuestiones teóricas; en un momento creí entender que estamos todos sentados acá,
uno expone y si hay preguntas bien y si no las hay nos vamos; tengo miedo que se
dé la estructura de la conferencia.
-
Comentario: Sí, para nuestro
objetivo es un problema. Por esto que vos decías, ponemos un límite de tiempo
-por ejemplo, cuatro o cinco reuniones- y después encontramos el eje de los
temas teóricos que se fueron planteando y la manera según la cual cada uno
fija posiciones teóricamente hablando.
-
E.: Se podría optar, por ejemplo, por una forma de exposición que implique
elegir, para cada ocasión, el expositor, el coordinador y la modalidad de esa
coordinación, o bien hacerlo cada dos reuniones, una modalidad podría ser ésta.
Por ejemplo, una persona que participó en las tres reuniones anteriores donde
hubo escaso intercambio, puede calcular esa cuarta reunión desde esa misma
perspectiva y poner a trabajar esa cuestión, proponiendo uno o dos
discutidores...
(Comentario
inaudible)
-
E.: Y como estamos todos en un nivel de igualdad en ese punto, no en lo que
somos capaces de decir, pero sí en ese punto, la responsabilidad va a estar
repartida y creo que es un problema que se puede llegar a instrumentar así,
porque me da la impresión que este tipo de reuniones hay que dosificarlas para
evitar que fagociten el tiempo a dedicar al verdadero interés que tenemos y
corresponde despejar, saber si reside en discutir cómo hacemos las cosas o
hacerlas -y discutir en todo caso cómo podemos hacerlas mejor.
De
otro modo, se empieza a producir ese corrimiento de la política, en el sentido
amplio, desplazándonos a considerar cómo distribuimos los tiempos y demás y
precisamente en esa dispersión se nos va el tiempo.
Fíjense que no hay aquí precisamente una comisión abocada al tema por
fuera del tiempo de trabajo –si la hubiese, pues bien, no hay problema.
Pero si cada vez que hacemos una de estas reuniones no hacemos una
consagrada a discutir cuestiones propias de la práctica del psicoanálisis, o
viceversa, corresponde dosificarlas en cantidad de tiempo.
Tengo
la impresión que estas reuniones hay que hacerlas cuando son necesarias, cuando
se acumuló una experiencia y hay una cantidad de términos para poner a
trabajar. Retomando lo que decías,
es cierto, quizá convendría fijar diciembre como fecha, empezar a abrir la
agenda y ver si efectivamente hay quien tenga ganas de exponer temas de psicoanálisis.
Si somos capaces de armar estas primeras dos reuniones, quien exponga en ellas
hará el cálculo de cómo será la mejor forma y aprenderemos también a partir
de allí: tal o cual lo hizo así, éste leyó, aquél no … Es la contracara
angustiante de la página en blanco.
-
Pregunta: ¿Ya hay alguna propuesta?
-
E.: No; la vez pasada que vinimos a ver este lugar estuvimos charlando un rato y
surgió la cuestión acerca de cómo hacer estas cosas para las próximas
reuniones, pero en ese momento no se nos ocurrió a ninguno de los que estábamos
presentes tomar a nuestro cargo ninguna de ellas.
Las
próximas serían las del 11 y el 25 de agosto; será entonces seguramente la
ocasión para que tres o cuatro nos pongamos a trabajar más intensamente,
apuntando a conseguir otro local un poquito más grande.
Si no fuera así, los llamaremos por teléfono y haremos una evaluación.
-
Comentario: la próxima puede ser aquí... y en todo caso en ese lugar se
informará.
-
E.: ¿Habría alguien que tuviese ganas de exponer algún tema de su interés?
(Cambio
de casete. Se empieza a discutir en relación con el tema del día. Se vota, se
da a elegir día -martes, jueves y miércoles- y horario).
-
E.: ¿Si corremos los miércoles media hora más tarde? ¿Si atrasamos media
hora es mejor? Esto es un drama. ¡Quién no sabía que esto iba a pasar!
Porque siendo treinta personas, no puede dejar de pasar.
Les propongo lo siguiente: dado que no
estamos pensando en armar ningún tipo de diferencia en la posición que
responda a la índole de las jerarquías, cualquiera sea su especie, es decir
que nos privamos de cualquier tipo de funcionamiento que apele a la estructura
del miembro fundador y sus correlatos, esto significa al mismo tiempo darle
cabida al prejuicio de que no importa quién puede caer como un pajarito dentro
de dos años y votar como cualquiera de nosotros que estamos yugándola desde el
comienzo...
-
(Chiste inaudible) ...
-
E.: ¡Claro!, nosotros los miembros que fundamos estamos tan solos como siempre
hemos estado... Yo participé en una sociedad en la que hubo miembros fundadores
y esa estructura implica un peso muy difícil de contrabalancear, porque nada
indica que el que estuvo sentado en la silla dos años antes pueda aportar un ápice
más que un pajarito que te cae volando, como en los hospitales o resultó
promovido por antigüedad y es un desastre ...
Tomando
esto en cuenta yo les propongo una variable que es de esta índole: en todo caso
los que no puedan venir en el horario que se pacte, no podrán venir estas ocho
reuniones, que serán sin duda interesantes porque muy ligadas a la cuestión
del S1, pero el año que viene armamos la cuestión de otra manera …
-
Comentario: tampoco nadie se propuso...
-
E.: Todavía nadie, no hagas como mi mamá. Hay que confiar siempre un poco en
el superyó, debe haber más de un superyó diciéndole
a alguno de ustedes: “¡dale, dale!”, y alguno va a aflojar …
Nuestro superyó es tan terrible... Por
eso les propongo tener en cuenta esa variable, que quien no pueda participar de
este conjunto de reuniones no queda en absoluto afuera.
Tal vez puede hacerlo alternadamente, y no está nada mal que así sea,
porque apreciará cómo viene la mano y para el año que viene, si el interés
continúa y la agenda lo permite, ya es algo que podrá preverse con más
anticipación.
Otra
norma que entiendo conviene adoptar para un mejor funcionamiento es la de
atenerse a la hora definida para hacerlo; si se decidió empezar a determinada
hora, no reconducirla indefinidamente, como decías vos indicando que somos
pedorros. Evitar entonces ese tipo
de reuniones convocadas a las 11 hs. para terminar a las 15 hs. porque resulta
mortal. Así, si les parece bien,
pactamos para comenzar a las 21 hs.
-
Comentario: una de las cosas que se han discutido en las reuniones chicas es la
posibilidad de tratar de no quedar sometido a ese discurso cerrado y clásico
que termina aburriendo.
-
¿En qué sentido? (Risas).
-
Yo me había propuesto para Octubre.
-
E.: Sí, Andrea Leiro también me dijo que ella presentaría para entonces, al
igual que Liliana Negro, quien aclaró que si hacía falta presentaba antes,
pero le venía mejor en su agenda presentar dentro de un tiempo.
Hay
un tema que es de mi profundo interés, el mío, personal, como es la cuestión
de la dirección de la cura, y en ese sentido no tengo una investigación seria
respecto de las citas sobre el tema en Lacan, bien chequeadas y analizadas una
por una; mi desarrollo del tema todavía no está en ese punto, pero se trata de
una cuestión que tiene para mí cierta perentoriedad por el hecho de que estimo
que hay una práctica muy regular de psicoanálisis, al menos en Buenos Aires,
pero yo lo he visto en otras ciudades también, donde no hay en lo real por
parte de los analistas una dirección de la cura, esto es, la cura no se dirige
hacia ningún lado.
Según
entiendo, no es necesariamente el psicoanálisis así, se trata de una posición
por la cual muchos se eternizaron, no llegaron a ningún lado porque no iban a
ningún lado –y era así porque no estaban ni están dirigidos.
Si les resulta un tema de interés y no les parece mal -esto lo agrego
por mi superyó, no por el de ustedes- que yo presente algo así como el esbozo
de una investigación, no una investigación desarrollada sobre el tema, para la
próxima me haría cargo de la primera exposición en torno al problema de la
dirección de la cura.
-
Pregunta: eso sería interesante articularlo con algún material clínico...
-
E.: Quizás yo aporte algún material clínico; no tenía previsto tomar esa
primera reunión; sí tenía previsto que quería hablar con ustedes, presentar
a este grupo el problema de la dirección de la cura, pero me da la impresión
que ni siquiera voy a hacer eje en el texto de Lacan “La dirección de la cura
y los principios de su poder”, porque no es desde ahí que he ido pensando
estas cosas ni donde me encontré con esta cuestión. Más aún, cuando lo
expuse, porque ya lo hice en otros lugares, por ejemplo en una institución
psicoanalítica de Ramos Mejía que no sé si alguno de ustedes conoce,
Reanudar, que tiene unos cuantos años de desarrollo, muy interesante; pues
bien, hubo allí una gran resistencia por parte de los analistas que integraban
el público, ante la idea de dirigir la cura; confesaban que no lo habían
pensado antes pero que estaban persuadidos de que la cura no se dirige, que el
analista no dirige la cura a ningún lugar, con lo cual resultó un tema
bastante polémico, al menos con estos colegas, así que si les parece bien,
podríamos arrancar con esa cuestión, a ver si nos vamos animando los demás
con otras.
Sí
me gustaría saber quien estaría con ganas de acompañarme en esa primer reunión
para coordinar la velada, en el sentido de ordenar el trabajo y funcionar como
otro que se haga cargo del aspecto de la reunión que no hace a la exposición
del contenido de las ideas; sería fantástico
que hubiese
algún voluntario, de otro
modo tendré que pedirle a alguno –y no será por cierto al azar, sino con
toda la malicia de la que soy capaz, se lo pediré al más vergonzoso …
-
(Comentario inaudible).
-
E.: Sí, eso lo habíamos estado comentando, porque es más cómodo, y a veces a
alguno le da ganas. Que si está decidido de antes, hasta puede tener tiempo de
macerar algo en la cabeza de la índole de qué pensó esa persona; todos los
harán si se anticipa el tema, algo que podría instalarse como práctica, para
evitar leer esa bibliografía recomendada y leer la otra, pero en definitiva uno
va al menos informado.
Por
mi parte, les voy a plantear algo que creo tiene estructura de polémica,
formulable en términos de: las curas se dirigen, ¿sí o no?
En caso de no por qué y en caso de sí, no por qué sino hacia dónde,
porque la máxima dificultad, de plantear que sí se dirigen, es formular en términos
positivos hacia dónde. En efecto,
contamos con fundamentos para decir hacia dónde no, por ejemplo, no hacia los
ideales, pero según creo de allí se dedujo que no se dirigía hacia nada.
En
este punto estamos. No sé, José,
si vos querrías coordinar la próxima la próxima reunión.
De ser así, yo expondré el problema.
Quedamos en quince días, a las nueve.
¿Nadie
tiene ganas de hacerse cargo de la subsiguiente?
Para
nada el tema de mi interés y preocupación, que va a ser justo el de la
primera, tiene que condicionar el de las que le sigan, puede ser cualquier
otro...
-
José Dizenhaus: Para Octubre voy a trabajar “La cataforesis del Nombre del
Padre”; cataforesis es un proceso que se hace a los autos para que no se
oxiden. A las chapas.
-
E.: Es un título chapa, chapa como diría mi hija...
-
D: Chapita, chapita...
-
E: El hecho que hoy no se proponga nadie, en primer lugar, no me parece que
sirva como diagnóstico de nada; sí entiendo que ya podríamos empezar a
pensarlo, relacionándolo, desde el vamos, con cierta cuestión que hace a un
cierto clima dominante entre los lacanianos, en virtud del cual las
intervenciones no resultan facilitadas. Me
da la impresión, en efecto, que Lacan ha dejado una huella muy persecutoria en
cuanto a tomar la palabra.
-
Michel Sauval: yo voy a venir muy pocas veces porque para mí los miércoles son
un día difícil, pero podría una de las veces que venga tomar esa frase según
la cual el analista se autoriza él mismo.
-
E.: sería espectacular. Para vos Michel, a ver si lo podemos hacer así, dado
que para vos es tan complicado venir, esa vez podríamos empezar a las 9:30 hs.,
… Y te dan los tiempos para el 25 de agosto o sería muy prematuro?
-
M.S.: podría ser para septiembre... (comentarios
inaudibles). Hay un local más grande en Malabia, parecido a éste, lo
alquilan para fiestas...
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E.: ¡Podemos hacer una fiesta! Malabia y Gorriti. Quizá le pido a alguien que
me acompañe. Así, sin que sea un compromiso definitivo, ¿para el 22 de
septiembre?
Personalmente tampoco yo podré venir casi
ningún miércoles, por una obligación que tengo desde principio de año y no
puedo cambiar, pero me gustaría si puedo presentar... lo que pasa es que no sé
si es muy adecuado...
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E.: Si Cataforesis pasó...
Podría ser para fines de agosto, sobre clínica
de la psicosis.
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E.: Podría ser para el 8 de septiembre si es más manejable para vos. Leonardo
entonces. Los títulos son provisorios, ustedes los ajustan cuando se van
aproximando a la exposición...
(Comentario
inaudible).
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E.: En todo caso en la próxima se ve. Puede ser de la manera más práctica,
quizá la suspendemos o nos juntamos algunos para charlar sobre política en
psicoanálisis, los Estados Generales, porque hay mucha información; estatutos
no, pero sí otros temas aledaños que no sean de preocupación general, también
cuestiones del Lacanoamericano que nos puede contar la gente que participó, a
ver qué onda, como dicen los chicos.
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Comentario: O que se produzca en la siguiente un efecto de la exposición
anterior que queden ganas de retomar...
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E.: Entonces ni siquiera hace falta que le pidamos a Liliana que se haga cargo
de la del 25, que exponga cuando quiera.
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Pregunta: habíamos hablado también de la posibilidad de presentar en conjunto
o con algún colega...
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E.: no tenemos un dispositivo de presentación, puede darse de a dos o tres si
así fue pensado o si se elaboró con gente que no participa de este grupo, será
bien recibido. De hecho me da la impresión que deberíamos dejar poco tiempo,
pero un tiempo asignado, virtual, a la presentación por parte de cualquiera de
nosotros de problemas, cuestiones, preguntas.
Como
no tenemos comisión directiva ni asambleas previstas, obviamente toda reunión
va a ser el lugar donde pueda darse el planteo en términos de: “Yo quería
proponer algo, presentar algo; tengo un trabajo que hice con tres personas de la
EOL, ¿podemos exponer eso aquí?”. Y
si no se formula en una reunión de grupo... ¿dónde?
Entienden que no hay a quién llamar... Encantado yo recibo todos los
llamados, pero les puedo contestar como uno más y cualquier otro...
Podríamos
destinar los últimos diez minutos de cada reunión...
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E.: si hace falta, pero contemplen que es el lugar donde plantear las
inquietudes, los problemas, incluso referidos a dispositivos o cuestiones de
tratamiento; alguien puede pedir la palabra y decir: me parece que esto no va,
esto es más aburrido que no sé qué, hagámoslo de otra manera y va a tener
que ser en una reunión general donde eso se presente y convendría que eso sea
al comienzo... para saber que hay que dejar los últimos 15 minutos...
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Pregunta: ¿hay idea que se desgraben las reuniones?
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No, hoy le pedí a ella, con quien tengo un vínculo de trabajo, que grabe,
porque me interesaba, se lo pedí yo...
(Comentarios
inaudibles).
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E.: $ 24.- la desgrabación de una hora; a mí me parece que sería útil, a mí
me resultaría tener el escrito para releer lo escuchado, obviamente no con la
idea de hacer nada en especial con eso, pero sí contar con esa posibilidad.
Otra alternativa es hacerse cargo de esa desgrabación una vez cada uno.
Este
salón sale $ 15.- la hora, o sea $ 30.- por reunión; nosotros somos al menos
treinta, de modo que nos corresponde $ 1.- por persona y por reunión, más el
café, serían $ 2.- Habíamos
pensado que cada uno ponga $ 5.- por mes, una cifra ínfima que nos permitiría
cubrir estos gastos y pagar al que no pagó, o sea que nadie se tenga que hacer
cargo personalmente porque alguien no pagó; me parece que de sumar
$ 1.- ó $ 2.- a ese importe, o sea totalizar $ 6.- cada uno por mes
poner 6, garantizamos contar con las reuniones desgrabadas, un elemento que
resulta interesante integrar.
(Comentarios
inaudibles).
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Cada uno se paga la fotocopia, y en ese sentido nosotros nos hacemos cargo de
que exista el casete, y hacemos un master que se puede copiar, se puede tener el
disquete y cada uno se lo baja, que es mucho más fácil y más útil, se puede
mandar por e-mail, cuando nos pongamos un poquito más cancheros con estos
dispositivos para pasar una información, no hay nada más sencillo que hacerlo.
Para
no ser pedorros, podríamos irnos. Ni siquiera sé qué es, pero no me parece
que sea bueno para un judío ser pedorro...
- E.: ya tengo una información para pasar. Michel tiene escritos dos trabajos que se llaman: “El fracaso de las instituciones ‘psicoanalíticas’”, con una primera y segunda parte; es posible acceder a él entrando en el sitio Psiconet. Los que quieran conocerlo, tengo una copia, es un trabajo muy bueno.